Me quiero separar ¿Está mal?

Me quiero separar ¿Está mal?

Me quiero separar ¿Está mal?

(No todos los textos que se escriban para esta web, se publicarán en Redes Sociales.)

Soy de esas personas que piensa que para salvar un hogar que se está derrumbando, se debe hacer todo lo que esté al alcance. Eso implica agotar el primer recurso que es el dialogo. Este recurso no demanda de gastos, ni de enormes esfuerzos. Es lo básico.

Recordemos que dialogar no es solo hablar y dejar que el otro hable. Un diálogo correcto, crea nuevas rutas, nuevas alternativas donde ambos quedan de acuerdo. Eso implica algunas veces dejar de hacer pequeñas cosas, o agregar otras más.

Por ejemplo:
  • No tendías la cama, ahora añades a tus nuevos hábitos, tenderla.
  • No recogías tus zapatos y siempre lo hacía tu pareja, ahora añades a tus nuevos hábitos recoger tus zapatos y evitar que tu pareja lo haga.

Luego de agotar ese recurso del diálogo, y la relación sigue mal, entonces agoten la opción de ir a terapia individualmente. Si eso tampoco funcionó, ir a terapia de pareja.

Pero si ya después de diálogos, muchos intentos por mejorar, charlas, psicólogos y más cosas, continúan las malas palabras, las agresiones físicas, las humillaciones, se sacan en cara quién hace y quién no, si el irrespeto es la mejor «arma» cuando se enfrentan, si son más conflicto que felicidad, yo apoyo el divorcio.

casarse, o irse a vivir con alguien, no tiene que volverse un sinónimo de "sufrimiento".

Sí. Leyeron bien. Un hogar (Independiente de si están o no casados) no tiene que ser una carrera de obstáculos donde la meta es soportar. Sí. Sé que vivir juntos lima asperezas, sé que convivir es difícil, pero casarse, o irse a vivir con alguien, no tiene que volverse un sinónimo de «sufrimiento».

Preguntas y respuestas

-«O sea que estás a favor de los hogares disfuncionales?»

No. Estoy a favor de la igualdad, del respeto y de una vida feliz sin tenerse que someter a reglas estúpidas y a humillaciones innecesarias.

-«El divorcio es pecado, qué estupideces dices».

Estupidez es «hacer vida» con alguien que hace un infierno su propia vida. Eso es estupidez. Y pecado, pecado es insultar, golpear y pisotear al otro cada que se le da la gana, teniéndose que quedar ahí, sin poderse ir, porque piensa que es pecado. Eso es pecado querido amigo, querida amiga.

Sé que hay momentos acalorados donde se dicen muchas cosas en una discusión. Sé que hay días donde los ánimos no son los mejores, pero ojo. Son solo días. No tiene que ser siempre.

Hoy en día las parejas prefieren «aguantar» cosas que no deberían, porque la biblia, porque los hijos, porque la cuota, porque la deuda, porque el colegio, porque «qué dirán», o peor: Porque esta persona me da todos los lujos que quiero y no me conviene soltarle.

Lo hablo con mi pareja siempre: «Hablemos todos los días. Escuchémonos. Digámonos lo que no nos gusta. Seamos siempre agradecidos. Incluso así levante de la mesa, el vaso donde yo estaba domando, agradezcamos esa acción.

No matemos jamás los detalles. Así vivamos juntos, salgamos a tomarnos un café así tengamos la mejor cafetera en nuestra casa. Invitémonos a cine, a helado, a un parque, a un andén. Digámonos lo hermosos que estamos cada día. Sorprendámonos siempre. Pero nunca, nunca jamás, permitamos que el irrespeto entre.»

Como dije arriba: Habrán momentos acalorados. Pero como también siempre digo: «Si estoy muy molesto, berraco, enojado o lo que sea, déjame ir, no me retengas, me doy una vuelta, me calmo y regreso. Nunca me presiones en ese momento».

Así evitamos que las discusiones se vuelvan enormes. Y si el día de mañana el irrespeto, la monotonía y la «obligación» prima en nuestra relación, seré yo el primero en dar el paso a la separación. Hay cosas a las que usted, lector, lectora, no debería acostumbrarse.

Recomendación:

Por eso hablen, ante todo hablen. Usen mucho el dialogo, dejen saber con amor lo que gusta y lo que no, y también escuchen con amor lo que a tu pareja le gusta de ti, y lo que no. Y jamás soporten cosas que no se deben soportar.

Conozco muchos matrimonios que aún «funcionan», pero al verlos de cerca, me entero que es él o ella quien ha tenido que agachar la cabeza siempre, porque «no tiene para donde más pegar».

Y así llevan años y años. En mi familia, allegados, vecinos, ciudadanos, ¡En todas partes del mundo pasa! Siguen juntos, pero no tienen idea que ya se divorciaron. ¿Razón? ¡El qué dirán!

Esto no es vida por donde lo quiera mirar. No hay una forma espiritual, astral, religiosa o atea de ver bonito esto. No es sano para su corazón, su alma y su mente.

Su salud mental y física, deben ir por encima del “qué dirán”. Esto se resuelve amándote mucho más. Recordándote la fortaleza y sabiduría que adquiriste hasta hoy. Si ya lo hiciste todo, permítele a tu ser, descansar. Tú y/o tus hijos, te lo agradecerán en un futuro.

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