Maltrato laboral

Maltrato laboral

Maltrato laboral – Como lo imagino

(No todos los textos que se escriban para esta web, se publicarán en Redes Sociales.)

«Lo siento, ese día tuve un muy mal día»

Fueron las palabras de mi primer jefe (que en su época era pastor de la iglesia a la que iba) luego de haberme gritado «llamándome» la atención. Te contaré una historia real, muestra fiel del maltrato laboral.

Yo era el publicista y el productor audiovisual del departamento de comunicaciones en aquel entonces.

Recuerdo que ese trabajo había llegado en el momento justo, porque justo por esos días, yo pagaba mi universidad vendiendo postres de milo, 3 leches y chupetas pintalabios.

Así que imagínense lo afortunado que había sido al ser contratado haciendo lo que amaba mientras estudiaba

En un lugar rodeado de gente «santa» lo último que esperas es que te griten. Yo en aquel entonces era un completo niño aprendiendo de la vida. Era el año 2010 aproximadamente. Tenía unos crespos frondosos y era muy muy flaquito.

Imagínenme a mí sentado con esas descripciones físicas y que el jefe que era mucho más grande que yo (como todo mundo) y de pie, se abalance sobre mí con grito herido regañándome porque no hice algo como él quería.

Aquí quiero contextualizar:

En ese lugar en realidad tenía como 4 jefes. El pastor principal de la iglesia, El pastor de Jóvenes de la misma, El que me contrató (quien me gritó) y La esposa del pastor principal que también era pastora.

El que me contrató me pidió un video para el sábado, pero el pastor de jóvenes (Hijo de los pastores principales, o sea, también mi jefe) me había pedido otro video para el mismo día y en mi orden, comencé con él. O sea, sí estaba trabajando y les iba a cumplir a todos.

(Lo contextualizo para dejar claro que no hacía lo que me daba la gana, ni estaba de vago.)

Luego de que el tipo me gritó, apenas comenzaba yo mi jornada laboral, tomé mi morral de tela cosida por artesanos colombianos y le dije: «Te equivocaste conmigo compadre» y me fui.

La decisión

Una vez estando en casa, le envié un SMS (Sí, no había ni Blackberry ni mucho menos Whatsapp. Solo mensajes de texto) Y le escribí que no volvería a su oficina porque no me había parecido correcto su grito.

El tipo como a las 2 horas me respondió el mensaje y me citó a las 4pm 2 días después. Mi novia (en aquel entonces) no apoyó mucho la idea de haberme «revelado» sabiendo que ese trabajo era una «gran bendición» para mí, y mi familia tampoco apoyó la forma en la que estaba llevando las cosas, pero como siempre, eso hizo que me mantuviera firme en mi decisión.

El día de la reunión el man me preguntó que qué había pasado y yo le dije que no tenía por qué gritarme de ninguna manera. Le hice saber que así me hubiera visto jugando, tampoco ese habría sido motivo para tal grito.

Acto seguido, le renuncié. Le dije que así no quería trabajar y que prefería seguir pagando mi universidad vendiendo mis postres, pero en paz.

¿Se retractó mi jefe?

Él dijo que lo sentía mucho. Que ese día había tenido un muy mal día y le respondí:

«Y crees que pagar la universidad vendiendo chupetas y postres es muy divertido? Que la gente te pida fiado y no te paguen, que las cuotas no alcancen, las peleas con mi novia, el estrés de la U. ¿Entonces eso me justifica para un día llegar a tu escritorio y gritarte?»

Continué diciendo mientras él me miraba muy asombrado:

«El respeto no se aplica dependiendo de quién seas. Vos sos mi jefe, pero cuando vas al baño a hacer del 2, huele a lo mismo que cuando yo voy al baño a hacer del 2. Somos exactamente iguales y por solo ser humanos, merecemos respeto men» (Así, con el «men» incluído y que tales jaja)

El tipo abrió los ojos asombrado de mi ¿Valentía? No lo sabía, pero seguí: «Yo sigo trabajando acá, pero si el respeto será la regla #1 en esa oficina. De lo contrario me abro.»

Hubo un silencio sepulcral, y luego respondió: «Perdóname Cristhiancito” (Odiaba ese diminutivo) “En serio perdón. Oremos.» Luego de pedir perdón y de orar también pidiendo perdón a Dios, el problema terminó.

¿Por qué les cuento eso?

Porque si yo a esa edad, carente de recursos, sin dinero, ni cuentas bancarias, ni apoyo, ni papeles para pedir un préstamo, necesitando ese trabajo como nadie, teniendo la oportunidad de trabajar en un lugar donde te dejaban ser el mejor creativo, ganando bien y con flexibilidad de horario, no “normalicé el irrespeto,

¿Por qué vos, que tenés tantas herramientas, talentos y tanta pasión, sí lo permitís?

¡No permitás que te griten! ¡No permitás que te falten al respeto! ¡No permitás que te ridiculicen! ¡No permitás que te intimiden! Y menos, con la excusa de: "Es que tuve un mal día"

Si hoy aguantas y aceptas, es como si firmaras un contrato donde te ofreces como una sucia alfombra para sus zapatos untados de mierda. Y hablo de los zapatos de su novio/novia, su esposo/esposa y como en este caso, su jefe.

No por cualquier bobada decidí escribir esta entrada «Maltrato laboral – Como lo imagino». Lo hice porque sé de un montón de casos donde las personas (por miedo) soportan lo insoportable.

Continué diciendo mientras él me miraba muy asombrado:
«El respeto no se aplica dependiendo de quién seas. Vos sos mi jefe, pero cuando vas al baño a hacer del 2, huele a lo mismo que cuando yo voy al baño a hacer del 2. Somos exactamente iguales y por solo ser humanos, merecemos respeto men» (Así, con el «men» incluído y que tales jaja)

Renuncie a todo, menos a su valor, su estima, su integridad y su vida misma solo por conservar un puesto, o a una persona. No seamos tan pendejos pues.

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Maltrato laboral – Como lo imagino

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